Templo suyo somos

13 Estaba cerca la pascua de los judíos; y subió Jesús a Jerusalén, 14 y halló en el templo a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas allí sentados. 15 Y haciendo un azote de cuerdas, echó fuera del templo a todos, y las ovejas y los bueyes; y esparció las monedas de los cambistas, y volcó las mesas; 16 y dijo a los que vendían palomas: Quitad de aquí esto, y no hagáis de la casa de mi Padre casa de mercado. 17 Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me consume. […] Juan 2:13-17

 

Al leer este pasaje bíblico podemos ver el celo que tuvo y tiene Cristo por su Iglesia. Es por esto que reaccionó de esa manera al ver su templo corrompido, lleno de animales y negociantes. Consideremos esto por un segundo: si Cristo se dolió de gran manera al ver el templo (terrenal) de su Padre lleno de impureza, cómo no se dolerá por la condición de nosotros; considerando que nuestro cuerpo es su templo.

 

¿O no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?  1 Corintios 6:19

 

Lamentablemente la evolución cultural y social ha traído en muchos aspectos más cambios negativos que positivos. Hace cincuenta años no hubiera sido concebible la forma de hablar, vestirse o pensar que hoy en día se acostumbra, y si retrocedemos aún más podremos darnos cuenta de los cambios que se han dado. Sin duda lo que hace tiempo era considerado abominable o inmoral nos resulta cotidiano, aceptable, incluso puede ser tachado de moral.

 

Debemos recordar que al ser morada del Espíritu Santo, nuestro ser debe mantenerse de forma adecuada.  Lo cual nos lleva a la pregunta de ¿qué es adecuado? Ciertamente la forma de percibir la vida ha cambiado para el mundo, mas hay que tener presente que todo lo que con nuestro cuerpo hagamos debe dar gloria a Dios. Si algo que decimos, hacemos, cómo nos vestimos, qué usamos o pensamos no le da gloria, entonces no es de Dios. Pues somos de Él y no de este mundo, no busquemos agradarlo en vez de a nuestro Padre.

 

Pues por precio habéis sido comprados; por tanto, glorificad a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios. 1 Corintios 6:20

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