Salvador de vida

30 — ¿Y qué señal harás para que la veamos y te creamos? ¿Qué puedes hacer? —insistieron ellos—. 31 Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer.” 32 —Ciertamente les aseguro que no fue Moisés el que les dio a ustedes el pan del cielo —afirmó Jesús—. El que da el verdadero pan del cielo es mi Padre. 33 El pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.  33 El pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo. 34 —Señor —le pidieron—, danos siempre ese pan. 35 —Yo soy el pan de vida —declaró Jesús—. El que a mí viene nunca pasará hambre, y el que en mí cree nunca más volverá a tener sed.36 Pero como ya les dije, a pesar de que ustedes me han visto, no creen.37 Todos los que el Padre me da vendrán a mí; y al que a mí viene, no lo rechazo. 38 Porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad sino la del que me envió. 39 Y ésta es la voluntad del que me envió: que yo no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite en el día final.40 Porque la voluntad de mi Padre es que todo el que reconozca al Hijo y crea en él, tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final. Juan 6:30-40

 

Que hermoso es entender el mensaje que Jesús nos dio, que el que cree en Él no tendrá hambre ni sed jamás. Estas palabras no tenían solamente un significado literal, sino que intentaban hacer entender a quienes le seguían que él era la fuente de vida eterna. Aquel que cree en Él es salvo y tendrá vida aunque muera en su carne.

 

Muchas veces olvidamos que la meta de nuestras vidas no se encuentra en este mundo, con los éxitos y necesidades terrenales, sino en la vida después de la muerte humana. Aún cuando Cristo es nuestra fuente de vida, él también es quien sacia nuestras necesidades en esta tierra.  Creer en Él como nuestro Señor involucra no solo la aceptación y el arrepentimiento inicial, es tener en el confianza absoluta día a día; que Él satisfacerá nuestras necesidades, que nos cuidará y nos guiará en cada paso que demos, etc.

 

Recordemos que CREER en Cristo es mucho más que saber que Él nos salva, es darle cada día, cada momento. Creer en Él como nuestra fuente de alimento y agua viva es entender que, su Palabra llena nuestro ser necesitado y que Él es el único que nos puede dar fuerzas. Por lo cual, Él debe ser nuestro centro, no solo nuestro salvavidas, Él es aquel en el cual podemos encontrar perdón, reabastecer nuestras fuerzas, descansar, entregar nuestras cargas, hallar sanidad, descubrir el significado del verdadero contentamiento. Él debe ser el todo en la vida de un cristiano, pues Él nos salvó de la vida que trae la muerte.

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