Miembros de un mismo cuerpo

14 Ahora bien, el cuerpo no consta de un solo miembro sino de muchos.15 Si el pie dijera: «Como no soy mano, no soy del cuerpo», no por eso dejaría de ser parte del cuerpo. 16 Y si la oreja dijera: «Como no soy ojo, no soy del cuerpo», no por eso dejaría de ser parte del cuerpo. 17 Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿qué sería del oído? Si todo el cuerpo fuera oído, ¿qué sería del olfato? 18 En realidad, Dios colocó cada miembro del cuerpo como mejor le pareció. 19 Si todos ellos fueran un solo miembro, ¿qué sería del cuerpo? 20 Lo cierto es que hay muchos miembros, pero el cuerpo es uno solo.

21 El ojo no puede decirle a la mano: «No te necesito.» Ni puede la cabeza decirles a los pies: «No los necesito.» 22 Al contrario, los miembros del cuerpo que parecen más débiles son indispensables, 23 y a los que nos parecen menos honrosos los tratamos con honra especial. Y se les trata con especial modestia a los miembros que nos parecen menos presentables, 24 mientras que los más presentables no requieren trato especial. Así Dios ha dispuesto los miembros de nuestro cuerpo, dando mayor honra a los que menos tenían, 25 a fin de que no haya división en el cuerpo, sino que sus miembros se preocupen por igual unos por otros. 26 Si uno de los miembros sufre, los demás comparten su sufrimiento; y si uno de ellos recibe honor, los demás se alegran con él… 1 Corintios 12

 

Constantemente me preguntó por qué es común la división en “grupitos” dentro de muchos establecimientos cristianos, se observan muchas veces disputas y divisiones por cosas insignificantes o irrelevantes. Me consterna pensar que quienes nos llamamos cristianos podemos actuar así entre nosotros. Olvidamos que la Iglesia somos nosotros, quienes seguimos y creemos en Cristo, su cuerpo.

 

Como nos dice Pablo, fuimos dispuestos dentro del cuerpo de tal manera que sirvamos de distintas formas, pero a un mismo Señor. En vez de alegrarnos por los éxitos o los dones que les han sido dado a otros, nos llenamos de celos y envidias, minimizamos sus acciones intentando buscar la forma de resaltar. Me pregunto, ¿actuaría así Jesús? Seguramente no se alegraría al ver que entre sus hijos hay disputas y divisiones que no se logran resolver y que resquebrajan la unión de sus miembros.

Nos llamamos a nosotros mismos SAL y LUZ, mas nuestras acciones dejan mucho que desear. La falta de amor y unión entre nosotros, los creyentes, genera en nuestro entorno una reputación dudosa, a los ojos de los incrédulos no somos más que hipócritas que predican amor al prójimo pero no lo practican.

Para cambiar e impactar una sociedad resquebrajada, primero se debe reparar las rajaduras internas, solucionar nuestra relación entre hermanos. Como miembros de un mismo cuerpo, con una misma meta, sirviendo a un mismo Señor, busquemos llenarnos de la fuente de vida, no sea que actuemos en base a nuestra carne y no por el Espíritu. Recordemos que sin amor nada somos.

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