¿Justificados para juzgar?

1Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios. 2Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel. 3Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros, o por tribunal humano; y ni aun yo me juzgo a mí mismo. 4Porque aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado; pero el que me juzga es el Señor. 5Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios. 1 Corintios 1-5

 

La generalidad de las personas tiende a ser muy crítica con respecto a los demás; a cómo son, qué hacen, qué dicen, cómo lucen, etc… Las opiniones acerca de la vida de los otros abundan, siempre hay un comentario, un juicio frente a los errores y la vida de los demás. Muchas veces los cristianos tendemos a ser quienes juzgamos con mayor dureza, olvidando de donde fuimos rescatados, creyendo que nuestro “status” de creyentes-salvos nos otorga la facultad de erguirnos en un banquillo más alto y dar resolución al caso.

 

¿Cuántas veces caminando por la calle, sentado en un salón o simplemente en un encuentro amistoso has juzgado a quienes te rodean o conoces?

 

El haber recibido la gracia de Dios no nos convierte en seres superiores, o perfectos, de quienes nos rodean. En cambio nos da una responsabilidad, al ser administradores de su ministerio, nos llama a ser hallados fieles. Si bien al ser transformados por Cristo cabíamos un sinfín de actitudes que teníamos y cosas que solíamos hacer, no por ser mejores, de lo que éramos, el Señor nos da la facultad de juzgar a otros.

 

La palabra nos dice en Mateo 7:1-2 que no juzguemos para no ser juzgados, pues con la medida que midamos se nos medirá. Más adelante en los versículos 3-5 Jesús aclara esta reflexión diciendo: “¿Y por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano, y no te das cuenta de la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo puedes decir a tu hermano: “Déjame sacarte la mota del ojo”, cuando la viga está en tu ojo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad para sacar la mota del ojo de tu hermano”.

 

Estaos aquí para levantar y construir, no para juzgar y destruir. Como hijos y seguidores de Cristo teneos un modelo, Él, procuremos que nuestra vida sea igual a la de él. Tomemos en cuenta las palabras de Pablo, porque aunque de nada tenía mala conciencia, no por eso era justificado. No creamos que la salvación es una justificación para creernos mejores a los demás y envanecernos; mas bien con humildad demostremos el amor de Cristo siempre.

 

  • Sara Lucio Paredes

 

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