Fuente de vida

[…]Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta. Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber. Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer. La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí. Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva. La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados? Respondió Jesús y le dijo:Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla. Juan 4:6-15

 

La humanidad vive en la búsqueda constante de algo, que les complete, que calme su interior, que llene sus vacíos y le dé sentido a su vida. Constantemente el anhelo de calmar la sed del ser lleva a las personas a satisfacerla con personas, cosas, trabajos, religiones, entre otros. Muchos de nosotros en algún punto de nuestra existencia nos encontramos frente a tal necesidad; y, aun llamándonos cristianos, escucho y veo a muchos actuar como si su ser necesitara llenar su interior y calmar sus dolores y aflicciones.

 

Olvidamos que tenemos frente a nosotros a la fuente de vida. Tenemos a nuestro alcance la Palabra de Dios y a tan solo una oración de distancia a Cristo. ¿Qué más necesitamos? Y aun así continuamos derrumbándonos y secando nuestro ser. Es como si teniendo la cura, decidiéramos seguir enfermos.

 

Debemos recordar, que si bien nuestro Padre nos ha dado todas las herramientas para una vida exitosa, y más que nada la fuente de vida eterna, es nuestro deber ir por ellas y emplearlas hacia una vida eterna llena de paz y gozo. La vida puede estar llena de aflicciones y retos, pero sin Cristo no hay nada que podamos alcanzar. Por lo tanto, una búsqueda de Él a través de la oración y la Palabra es la única manera de llenar nuestros cantaros, recordemos que solo hay una fuente que saciará nuestra sed, y, esa fuente es Él.

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