Un Dios de Orden

36 Ustedes no inventaron el mensaje de Dios, ni fueron los únicos que lo recibieron. 37 Si alguien cree que puede hablar de parte de Dios, o cree que obedece al Espíritu Santo en todo, debe reconocer que esto que les escribo es una orden de Dios. 38 Pero si no lo quiere reconocer, ustedes no deben prestarle atención.

39 Mis queridos hermanos, ustedes deben procurar hablar de parte de Dios, y no impidan que se hable en idiomas desconocidos. 40 Pero háganlo todo de manera correcta y ordenada. 1 Corintios 14: 36-39

 

Todos sabemos, o al menos hemos escuchado, que Dios es un Dios de orden. Generalmente lo repetimos con frecuencia, o simplemente lo tenemos como referencia para las ocasiones que la frase “debe” ser mencionada. Sin embargo, ¿entendemos a qué se refiere esta frase, o cómo debe ser aplicada?

 

Desde que era una niña escuche a mi madre decirme en innumerables ocasiones esta frase, la utilizaba para referirse a Dios con esa característica pero también la usaba para enseñarnos cosas como el orden en nuestras vidas. Ahora que reflexiono lo que mi madre me inculcó desde muy pequeña entiendo que tenía mucho sentido y que su enseñanza estaba basada en una comprensión exacta de lo que Pablo nos dice en estos versículos.

 

Al decir Pablo que a “Dios no le gusta el desorden y el alboroto, sino la paz y el orden” (vs. 33), no solo se refiere a lo que Dios le agrada, sino que se refiere que de esta manera debemos vivir para agradar a Dios. Y si lo pensamos detenidamente, vivir para agradar a Dios no solo involucra nuestra vida en un establecimiento llamado “Iglesia”, o cuando estamos al “servicio” de la misma, sino que involucra a nuestra vida integra; es decir, a nuestro accionar desde que nos despertamos hasta que nos levantamos.

 

Podemos llevar una vida correcta y ordenada en el trabajo o en nuestro Ministerio, mas si nuestra vida en casa o nuestras finanzas o nuestra relación en pareja o con alguien más, etc.., no están correctas y en  orden de nada nos sirve. Vivir como Cristo vivió significa que nuestra vida entera sirve al Señor de manera total, que cada aspecto de nuestro ser es guiado por el Espíritu, de tal forma que nuestros frutos son proporcionales en cada área.

 

Seguramente estarán pensando, ¡esto es prácticamente imposible! Pero en realidad debo admitir que es más sencillo decirlo que hacerlo, más no es imposible. Nada es imposible para Dios, y si Él está en nuestras vidas no hay nada que en Él no podamos hacer. La respuesta está en dejar obrar a Dios en nuestras vidas, permitir que el Espíritu nos guíe y no nosotros guiarnos, en escuchar su voz y saber cuáles son sus caminos; y la única manera de lograrlo es mantener una cercanía tal con Dios que no hay barreras que obstaculicen nuestro caminar. La oración es el arma más poderosa de un cristiano, y la mejor manera de conocer íntimamente a Dios.

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