Cristianos camaleónicos

19 Aunque soy libre, vivo como si fuera el esclavo de todos. Así ayudo al mayor número posible de personas a creer en Cristo. 20 Cuando estoy con los judíos, vivo como judío, para ayudarlos a creer en Cristo. Por eso cumplo con la ley de Moisés, aunque en realidad no estoy obligado a hacerlo. 21 Y cuando estoy con los que no obedecen la ley de Moisés, vivo como uno de ellos, para ayudarlos a creer en Cristo. Esto no significa que yo no obedezca la ley de Dios. Al contrario, la obedezco, pues sigo la ley de Cristo. 22 Cuando estoy con los que apenas empiezan a ser cristianos, me comporto como uno de ellos para poder ayudarlos. Es decir, me he hecho igual a todos, para que algunos se salven. 23 Y todo esto lo hago porque amo la buena noticia, y porque quiero participar de sus buenos resultados. 1 Corintios 9

 

Los cristianos hemos sido encasillados y etiquetados a lo largo del tiempo en moldes y calificativos la mayoría de veces negativos. Hemos destacado por nuestras mentes cuadradas y legalistas, por nuestros “principios” y nuestra habilidad de alejar a quienes no piensan o actúan como nosotros consideramos deberían. Lamentablemente hemos permitido que el público estigmatice al Cristianismo como una de las religiones más hipócritas en el medio.

 

Cuando Cristo predicaba el evangelio si bien era firme en su Palabra, Él sabía cómo llegar a la gente, evitando que se sientan juzgados y minimizados. Su ejemplo debería bastarnos para aprender que Él supo sentarse a la mesa con pecadores para sembrar la semilla del evangelio, tenía sabiduría en sus palabras al exhortar a los fariseos, y poseía la facultad de moverse en un medio tan hostil. Como seguidores de Cristo deberíamos saber que el evangelio no se extiende en las iglesias únicamente, sino que, los públicos más necesitados están fuera de las cuatro paredes de nuestra “Iglesia”. Para lograr extender el evangelio cada uno de nosotros debe aprender a ser lo que Pablo describió, un camaleón.

 

El camaleón es un hermoso reptil, famoso por  su habilidad de cambiar de color de acuerdo a las circunstancias que lo rodean. Este animal lográ modificar parte de su apariencia manteniendo su esencia. Si como cristianos aprendiéramos a llegar a los demás de la manera que lo hace el camaleón, y lo hizo Pablo, muchas más almas serían ganadas para Cristo.

 

Con esto no quiero decir, ni Pablo en su ejemplo, que debemos hacer todo lo que el mundo hace para parecernos a ellos, mas bien usando la sabiduría que Dios nos ha dado incorporarnos en el medio para impartir el evangelio. En ocasiones no es necesario hacer más que guardar silencio, ya que son nuestras palabras las que la mayoría de las veces ahuyentan a otros por el juicio que imparten. Aprendamos a no ser tropiezo, a usar nuestras vidas como el ejemplo vivo del evangelio y no como un arma para desacreditarlo.

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