Creyéndole en todo tiempo

[…] 43 El siguiente día quiso Jesús ir a Galilea, y halló a Felipe, y le dijo: Sígueme. 44 Y Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro. 45 Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquél de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret. 46 Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve. 47 Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño. 48 Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. 49 Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel. 50 Respondió Jesús y le dijo: ¿Porque te dije: Te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que estas verás. 51 Y le dijo: De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre. Juan 1

 

Habiendo atravesado por muchas pruebas y circunstancias duras de afrontar sin duda mi fe ha sido puesta a prueba y, debo decir que no siempre he podido mantenerla fuerte, sino que he dudado. Seguramente muchos de nosotros hemos dudado del poder de nuestras oraciones, algunos incluso del poder de nuestro Dios, cuando las cosas no salen bien y lo único que anhelamos es ver un milagro.

 

Al leer este pasaje me sentí como una tonta. ¿Cómo es que yo había dudado? Felipe, Natanael y muchos otros habían creído en Jesús, como el Hijo de Dios, con tan solo escuchar su nombre; no tenían otras pruebas, nadie podía garantizar que Él era el Cristo, sin embargo, ellos le siguieron sin mirar atrás. Su fe es algo que me asombra y me causa admiración.

 

Ellos dejaron todo, su presente, sus posesiones, sus amigos y sus familias por seguir a quien no conocían mas que por las escrituras de Moisés. Mientras que nosotros en ocasiones no podemos decidir creerle en cosas tan pequeñas de nuestras vidas, exigimos milagros y obras de Dios en nuestros tiempos. Y nos apartamos de nuestro Padre por permitir que la duda obre en nosotros.

 

Hace un par de meses comencé a aceptar que había una gran posibilidad de que mi pierna no volvería a funcionar como yo tanto anhelaba, intentaba mantener no solo mi fe sino mi esperanza, pero poco a poco Dios me llevo a entender que aun en medio de una discapacidad Él cumpliría lo que había prometido en mi vida.

 

Como seres humanos tendemos a dudar de Dios cuando nos encontramos frente a situaciones y resultados no agradables o deseables para nuestras vidas. Sin embargo, debemos aprender que CREER en Dios no es sinónimo de mantener la fe mientras todo sea como lo queremos. CREERLE a Dios con todo el corazón resulta del aferrarnos a nuestra fe, por ende a Él, incluso cuando las circunstancias no son lo que esperábamos.

 

 

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