Un aguijón necesario

… De tal hombre me gloriaré; pero de mí mismo en nada me gloriaré, sino en mis debilidades. Sin embargo, si quisiera gloriarme, no sería insensato, porque diría la verdad; pero lo dejo, para que nadie piense de mí más de lo que en mí ve, u oye de mí. Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.

2 Corintios 12:5-10

 

Pablo afirma que Dios se perfecciona en nuestras debilidades, para que nos bastemos en su gracia, así mismo nos dice que le fue dado un aguijón en su carne para que no se exaltase desmedidamente.

 

¿Cómo es que para que Dios se gloríe Pablo debía ser débil y además tener un aguijón en su carne?

 

Pablo utiliza la palabra aguijón en sentido figurado, recalcando que para él es un tormento, una cosa o dificultad física que le estorba al momento de servir a Dios de manera más eficiente, a su parecer. Aunque Pablo tenía una enfermedad del cuerpo (Gálatas 4:13-15) Dios se gloriaba en su vida de maneras extraordinarias y le permitió servirle de una manera que él seguramente no imaginó.

 

Muchos creeríamos que la presencia de una enfermedad o de una debilidad impediría que Dios obre a través de una persona con un propósito determinado. Muy contrario a eso es en nuestras debilidades que Dios se gloría y se manifiesta con más fuerza, pues siendo vulnerables Él puede mostrarse como el Dios que es. Quizá aún muchos se pregunten ¿cómo? o ¿por qué? Pues sencillamente porque es allí donde nos aferramos a Él y no a nuestra propia fuerza.

 

En Pablo, la permanencia de esta enfermedad, este aguijón, tenía el propósito de mantenerlo en humildad. Quien sea que haya tenido un encuentro con Jesús y le haya hablado y haya sido comisionado por Él (Hechos 9:2-8) podría, en su estado humanidad tendería a enorgullecerse de su persona. Ya que Pablo era una persona muy autosuficiente, no le agradaba que lo mantengan (1 Tes. 2:9 y 2 Tes. 3:8), ese carácter lo llevo  incluso a separarse de su compañero ministerial (Hechos 15:36-39). Es por eso que este aguijón lo mantuvo humillado, recordándole la necesidad que tenía de mantenerse en contacto directo con Dios y ser de beneficio y bendición a otros a través de lo que Dios hiciera en su vida.

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