Redimidos en medio de la tristeza

 

Cuando llegamos a Macedonia, nuestro cuerpo no tuvo ningún descanso, sino que nos vimos acosados por todas partes; conflictos por fuera, temores por dentro. Pero Dios, que consuela a los abatidos, nos consoló con la llegada de Tito, y no sólo con su llegada sino también con el consuelo que él había recibido de ustedes. Él nos habló del anhelo, de la profunda tristeza y de la honda preocupación que ustedes tienen por mí, lo cual me llenó de alegría.

Si bien los entristecí con mi carta, no me pesa. Es verdad que antes me pesó, porque me di cuenta de que por un tiempo mi carta los había entristecido. Sin embargo, ahora me alegro, no porque se hayan entristecido sino porque su tristeza los llevó al arrepentimiento. Ustedes se entristecieron tal como Dios lo quiere, de modo que nosotros de ninguna manera los hemos perjudicado. 10 La tristeza que proviene de Dios produce el arrepentimiento que lleva a la salvación, de la cual no hay que arrepentirse, mientras que la tristeza del mundo produce la muerte. 11 Fíjense lo que ha producido en ustedes esta tristeza que proviene de Dios: ¡qué empeño, qué afán por disculparse, qué indignación, qué temor, qué anhelo, qué preocupación, qué disposición para ver que se haga justicia! 2 Corintios 7

 

 

Hace tiempo leí este capítulo sin llegar a comprender a qué se refería con “la tristeza que proviene de Dios produce el arrepentimiento que lleva a la salvación, de la cual no hay que arrepentirse, mientras que la tristeza del mundo produce la muerte”. Sin embargo, en este momento mi país atraviesa por un momento difícil, un terremoto que ha producido en la población nacional una profunda tristeza. Y no me refiero únicamente a la tristeza que experimentan los afectados por esta catástrofe, sino a quienes los vemos sufrir o nos dolemos de su dolor.

 

Me preguntaba por qué después de ser una nación  que no había experimentado mayores calamidades, pasamos a recibir daño tras daño el último año. Al leer estos versículos entendí que así como Dios llama la atención de sus hijos de manera individual lo hace de manera colectiva. Muchas veces la tristeza y el dolor que debemos experimentar como individuos, como colectividad, nos permite llegar al arrepentimiento y en consecuencia a la salvación.

 

Para muchos parecerá absurdo ver a un Dios en medio de tanto dolor, mas esta es la oportunidad que tenemos como cristianos de consolar a quienes lo necesitan y llevar no solo la ayuda material sino el evangelio a quienes no han conocido a nuestro Dios. Es a esto que Pablo se refiere con que la tristeza traiga salvación.

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