¿Por qué?

24 Cinco veces las autoridades judías me han dado treinta y nueve azotes con un látigo. 25 Tres veces las autoridades romanas me han golpeado con varas. Una vez me tiraron piedras. En tres ocasiones se hundió el barco en que yo viajaba. Una vez pasé una noche y un día en alta mar, hasta que me rescataron. 26 He viajado mucho. He cruzado ríos arriesgando mi vida, he estado a punto de ser asaltado, me he visto en peligro entre la gente de mi pueblo y entre los extranjeros, en la ciudad y en el campo, en el mar y entre falsos hermanos de la iglesia. 27 He trabajado mucho, y he tenido dificultades. Muchas noches las he pasado sin dormir. He sufrido hambre y sed, y por falta de ropa he pasado frío. 2 Corintios 11

 

En un sin numero de ocasiones me he preguntado ¿Por qué a mí? ¿Por qué sucede esto? ¿Por qué? La respuesta parece no siempre tener sentido, en ocasiones es clara, otras es vaga o incompleta y otra veces lleva silencio. Seguramente en algún momento de nuestras vidas le hemos preguntado a Dios el temido ¿por qué?

 

Ciertamente no siempre he encontrado una respuesta inmediata, aún tengo preguntas que no han sido contestadas. Quizá algunos piensen que es una locura llegar a conformarse con el silencio, pero lo que muchos no entienden es que Dios obra en maneras extrañas, y que para utilizarnos él debe poder pulirnos. Y no solo pulir nuestras imperfecciones sino prepararnos para servirle. No significa que nos conformemos ante una negativa o su silencio, simplemente es aprender a reconocer la soberanía de Dios y su voluntad.

 

Puede ser que no entendamos su propósito, la razón de algo, el por qué; sin embargo, todo ayuda a bien para quienes aman a Dios (Romanos 8:28). Nuestro ser no puede entender la grandeza y la perfección de Dios, mas ahí es cuando entra la fe. La fe nos permite saber que sus caminos siempre son los mejores, los adecuados y los correctos.

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