Anhelando una vida fácil

Por nuestra parte, a nadie damos motivo alguno de tropiezo, para que no se desacredite nuestro servicio. Más bien, en todo y con mucha paciencia nos acreditamos como servidores de Dios: en sufrimientos, privaciones y angustias; en azotes, cárceles y tumultos; en trabajos pesados, desvelos y hambre. Servimos con pureza, conocimiento, constancia y bondad; en el Espíritu Santo y en amor sincero; con palabras de verdad y con el poder de Dios; con armas de justicia, tanto ofensivas como defensivas; por honra y por deshonra, por mala y por buena fama; veraces, pero tenidos por engañadores; conocidos, pero tenidos por desconocidos; como moribundos, pero aún con vida; golpeados, pero no muertos; 10 aparentemente tristes, pero siempre alegres; pobres en apariencia, pero enriqueciendo a muchos; como si no tuviéramos nada, pero poseyéndolo todo.

11 Hermanos corintios, les hemos hablado con toda franqueza; les hemos abierto de par en par nuestro corazón. 12 Nunca les hemos negado nuestro afecto, pero ustedes sí nos niegan el suyo. 13 Para corresponder del mismo modo —les hablo como si fueran mis hijos—, ¡abran también su corazón de par en par!… 2 Corintios 6

 

Estos versículos me llevan a poner muchas cosas en perspectiva. Constantemente escucho a muchos cristianos quejarse por las “bendiciones” y vidas fáciles que los incrédulos, o incluso cristianos de título, tienen. Y cuándo alguien me hacía comentarios o preguntas del por qué Dios los bendice si no hacen las cosas bien no siempre tenía respuestas adecuadas o certeras, especialmente habiendo sido tribulada por tanto tiempo y no habiendo entendido inicialmente por qué.

 

Resulta que si nosotros, servidores y ministros de Cristo, no atravesáramos por “sufrimientos, privaciones y angustias” (como los llama Pablo) no tendríamos de que testificar; no podríamos demostrar el amor de Dios, la paz que viene de Él, la libertad, y muchas otras bondades que se desarrollan a través de las tribulaciones. Contrario a lo que muchos creen, que siendo de Cristo deberíamos ser librados de todo lo difícil en la vida, si fuéramos exentos ¿cómo se mostraría Cristo en nosotros para gloria del Padre? o ¿cómo llegaríamos a otros?

 

Al conocer a Cristo y con el paso del tiempo mi clamor fue siempre servirle y hacer su voluntad, que mi vida pudiera ser reflejo vivo de Él. Quería llegar a la vida de muchos, de quienes han sufrido y padecido cosas inimaginables, no me daba cuenta que uno no puede comprender el sufrimiento sin haberlo vivido. ¿Cómo consolar verdaderamente a alguien cuando no entiendes su sufrimiento? ¿Cómo marcar una diferencia si no tienes con que hacerlo?

 

Nuestro Dios obra en formas incomprensibles, su tiempo y la manera en la que nos conduce a sus planes no alcanzan nuestro entendimiento; hay que recordar que para “los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien” (Romanos 8:28). Con el paso del tiempo, entendí que era afortunada en medio de las pruebas que me han tocado vivir, Dios se ha revelado en mi vida de formas maravillosas, me ha bendecido y jamás me ha abandonado, su mano ha estado conmigo en medio de cada aflicción. Ha sido en medio de los años más duros de mi vida, hasta ahora, que he podido entender el amor de Dios; me siento afortunada de vivir estas aflicciones y poder testificar al Cristo vivo en mí.

 

Por lo que concluyo que la forma en la que entendemos la bendición y el cuidado de Dios está equivocada si pensamos que esta se da con una vida libre de cualquier prueba. Si esa es la vida que se anhela, entonces no seríamos parte de la obra maravillosa de Cristo y de su evangelio.

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