Soy un cristiano emocional

O lo era, creo. Estoy luchando, eso es lo importante. Y producto de mi lucha es que me permito escribir las siguientes líneas.

El no ser un cristiano emocional es una de las luchas más grandes y desapercibidas que existe en el cristianismo, de todas las épocas, me imagino. ¿Cuántas veces hemos llorado y levantando nuestras manos en medio de la alabanza o ministración porque nos sentimos envueltos en esa escena mística? Sin embargo, minutos después como si no pasó nada. Otra: ¿Recuerdan la última vez que obedecieron a Dios únicamente porque ‘lo sentían’?, ¿Oramos solo en los momentos de profunda tristeza o de mucha alegría? Y los ejemplos pueden seguir, pero si nos sentimos identificados es porque poseemos el síndrome del cristiano emocional.

 

 
 

Dejar proyectos inconclusos, paralizarnos por el miedo, explotar de ira con el prójimo, no creerle a Dios cuando no obtenemos lo que queremos, sentir celos del hermano que es (aparentemente) más exitoso, desanimarnos, incluso llegar a dejar nuestra congregación por cualquier mínima desavenencia son, por ejemplo, producto de vivir anclado a “nuestro sentir”; es decir, estar limitado a lo que nuestras emociones nos dictan, a lo que nuestro corazón siente. Eso es peligroso, mucho. Incluso puede ir más allá, vivir basado en emociones puede limitar nuestro potencial, en todo aspecto. Ser un esclavo de las emociones es, sin duda, algo de lo que debemos librarnos.

“Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?”. (Jeremías 17:9)

No está mal tener sentimientos, somos seres humanos con diversas emociones, que fuimos creados por Dios con estas para un determinado fin (amén a que, por ejemplo, el quebrantamiento es usado por Dios para acercarnos a Él). Las emociones son buenas; basar nuestro diario vivir en ellas, no.

 

 

Lo cierto es que los seguidores de Jesucristo (los que lo aceptamos como salvador, claro) debemos adorarlo y seguirlo en todo tiempo, esto incluye cuando lo sentimos o cuando no; en medio de la tribulación o después de que podemos ver su mano obrar a favor nuestro; cuando sentimos miedo de absolutamente todo o en los momentos donde queremos ganar el mundo para Él; en abundancia y en necesidad. Un buen ejemplo está en Salmos:

«Bendeciré a Jehová en todo tiempo; su alabanza estará de continuo en mi boca.» (Salmos 34:1)

Jesús tuvo miedo (mucho miedo), pero decidió ir a la cruz y cumplir la voluntad de su Padre aún en contra de lo que sentía en ese momento. Él no dejó que el miedo lo controle, ese es uno de los mejores ejemplos que tenemos para saber que no podemos vivir subordinados a nuestras emociones.

En definitiva, debemos perseverar en nuestra fe y dejar de lado nuestras emociones, ya que nos vuelven inconstantes en medio de nuestro caminar cristiano. Estas son un limitante en la vida espiritual; un cristiano verdadero es aquel que persevera en buscar la presencia de Dios y obedecer su palabra de manera íntegra, guiado por el Espíritu Santo y no por las emociones de su corazón. Si no veamos qué nos dice Santiago:

«Pero pida con fe, no dudando nada, porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra…No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor,…ya que es persona de doble ánimo e inconstante en todos sus caminos.» (Santiago 16:8)

Parte de alcanzar la madurez espiritual es pasar de los sentimientos a las convicciones y a la fe, a vivir cimentados en lo que nos dice la palabra de Dios y no a lo que nos dice nuestra lógica humana, con un corto entendimiento y una limitada visión, supeditada a un corazón engañoso.

 

 

Los cristianos emocionales son los que están en un momento y luego ya no, aquellos que siguen a Jesús con todas sus fuerzas en determinado tiempo y luego fracasan en la primera prueba que viene a su fe, por mínima que sea. Nuestras congregaciones están abarrotadas de cristianos guiados por emociones, donde son muy pocos los que deciden seguir a Jesús y honrar a Dios a pesar de que sus emociones les digan lo contrario. Rebelémonos (pero en serio) contra nuestro “engañoso” corazón y dejemos que sea el Padre Celestial quien nos llene de sus emociones, por medio de su Espíritu Santo. Así va a ser más fácil obedecerlo y encontrarlo en nuestro diario vivir, lo garantizo y Él mucho más.

«Pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.» (Hebreos 5: 14)

Sebastián Bazante para Cristianos Fm

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