Perseverando en la oración

Leer | Romanos 12.10-13

 

<<10 Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. 11 En lo que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al Señor; 12 gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración; 13 compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad.>>

 

La mayoría de las personas se cuestionan sobre la eficacia de sus oraciones, suelen perder fácilmente el interés en su tiempo a solas con Dios pues sienten que este es vacío, por lo que su fe y esperanza se ven debilitados. Por esto mucho creyentes relegamos nuestro tiempo de oración a tan solo unos pequeños y fugaces momentos, que terminan siendo carentes de pasión y fervor.

Generalmente nos presentamos ante Dios con suplicas llenas de fe e intensidad, mas al no encontrar los resultados en el tiempo deseado la impaciencia nos invade y terminamos desanimados. Cuando lo único que encontramos en nuestro tiempo con Dios es silencio nuestra naturaleza humana se desanima y olvida que Dios no es nuestro sirviente. Recordemos que la oración no forma parte del sistema 911 que estamos acostumbrados a usar con Dios, y la fe va mucho más allá de conformar un propulsor de este tipo de solicitudes.

Cuando nos acercamos a Dios, ¿por qué lo hacemos? ¿Acaso deseamos ver un milagro en nuestra vida, un problema resuelto, o anhelamos verdaderamente tiempo con Él? Si es que nuestra búsqueda esta direccionada a obtener algo de Él entonces con el tiempo nuestra relación y deseo de orar disminuirá y se marchitaran si no obtenemos lo que pedimos. La relación que mantengamos con Dios no puede estar basada en la obtención de nuestros pedidos y nuestra fe no puede ser directamente proporcional a cuantos problemas carguemos, cada intento y deseo de estar en su presencia debe siempre estar impulsado por amor y un verdadero deseo de estar junto a nuestro Padre.

No permitamos que las circunstancias nublen nuestro amor por Él y nos impidan anhelar de su presencia, aprendamos a no ser hijos caprichosos y aceptar su plan perfecto en nuestras vidas. Estoy segura de que si pudiéramos ver el panorama completo en la manera en como Dios lo ve, entonces seriamos pacientes, esperaríamos gustosos su plan y sus tiempos.

Aun cuando nuestro clamores no sean satisfechos y encontremos silencio en medio de la oración, seamos hijos constantes; es ahí donde nuestra relación con el crecerá y florecerá nuestra fe en la adversidad. Llegará el tiempo en el que el silencio se romperá y su propósito se revelará, entonces su gloria se manifestará, e independientemente de la respuesta a su oración su corazón estará anclado en Él.

  • Sara Lucio Paredes para Cristianos Fm

 

 

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